Súbete a los árboles y llénate de barro

El ser humano necesita de la naturaleza. Nacimos en ella. Somos parte de ella. Somos naturaleza. Por eso es imposible desconectarnos. Nos inventamos paredes en las que vivir, trabajos, vehículos, aparatos. Humo. Y ni estamos hechos de cemento, ni de papeles, ni de metal, ni de píxeles. Estamos hechos de carne y hueso. De emociones. De calor. De pura naturaleza.

En 2005, el periodista Richard Louv constató que en los parques de Estados Unidos los niños ya ni subían a los árboles, ni se ensuciaban con barro. Y así, en su libro “El último niño de los bosques” le puso nombre a esa nueva patología social. Démosle la bienvenida al Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN).

Asusta un poco. Es triste. Y muy gris. Podemos sufrirlo si nos empachamos de ciudad. Pero, que no cunda el pánico, la cura es fácil: volver a zambullirse en la naturaleza. Píldoras de bosque y jarabe de montañas serán nuestra medicina. Porque la naturaleza no solo nos proporciona equilibrio y tranquilidad, sino que además aumenta nuestra capacidad de concentración y de reflexión. Y claro, es normal que la echemos de menos.

Nosotros nos hemos propuesto no tener que echarla nunca de menos. O bueno, lo menos posible. Porque somos de alma libre. Somos de naturaleza. Y necesitamos alimentarnos de ella. Así que si con nuestros platos de ingredientes 100% naturales podemos colaborar un poquito en esto, estaremos totalmente encantados de hacerlo.